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Lola Díaz y Fabián Salas

In Bailarines by Luz Valbuena

READ en ENGLISH Lola Díaz y Fabián Salas (boda|wedding)

Son de los bailarines más talentosos, versátiles y creativos que tuvo el tango en las últimas décadas. Fabián Salas y Lola Díaz, que acaban de casarse en Buenos Aires, despliegan un abanico generoso de baile que inspira a legiones de nuevos bailarines en todo el mundo.


Los orígenes



Al pensar algunas cuestiones en torno al baile, Fabián y Lola también revelan una rica personalidad, hoy desbordante de felicidad por su casamiento. Desde Tangauta los felicitamos por este presente y por el brillo y deleite que nos dan con su baile en una ecuación de talento y trabajo. En una conversación cándida, repasamos sus carreras y vida personal, sentimientos y experiencias.

¿Cómo llegaron al tango?

F: Mis bisabuelos, dos tanos llegados a la Argentina luego de la primera guerra mundial escuchaban tangos todas las mañanas en una vieja Spika. Y a mí me gustaba mirar un programa en la TV de comienzos de la década del ’70: Feliz Domingo y lo conducía Orlando Marconi. Ahí había una prenda: Cualquier ritmo bailarás con la orquesta en vivo de Eddie Pequenino. Me prendía a la tele, especialmente cuando bailaban tango. Más tarde, viajé de intercambio estudiantil a Estados Unidos por un año. En Ezeiza, antes de abordar el avión mi viejo me da un cassette de tango orquestal que me acompañó durante todo el viaje. No existían computadoras ni celulares. Para comunicarse, mis viejos pedían la llamada a la operadora y esperaban cuatro horas. Entonces, ese cassette era la unión con mis raíces, cultura y familia a la que extrañaba horrores. Todas las noches, ponía el cassette en un grabador con ‘auto-reverse’ y dormía con esa música. Al volver, decidí aprender a bailar. Y busqué mucho tiempo en La Plata, hasta que finalmente en 1987 encontré un curso en La casa del tango de mi ciudad. Allí empecé y no lo largué nunca más.

Nuestro estilo de baile, hoy llamado peyorativamente por algunos “Tango Nuevo”, en realidad no es tal. Fabián Salas

L: Mi historia por supuesto es muy diferente. Arranqué a bailar tango hace 13 o 14 años, cuando ya había tango por todos lados. En mi familia nadie baila nada, pero desde chiquita me gusta la danza. Así que con el tango comencé por casualidad, un verano en el Estudio de Julio Bocca. Era del clásico, pero ya me gustaba un poco el jazz… quería probar otros bailes. Y ese verano daban clases de un montón de danzas, entre ellas tango. Era con la única que no quería saber nada, por supuesto. Tenía unos 11 añitos y el tango para mí era para viejos. Pero mi mamá me obligó a ir y me gustó. Me atrapó la comunicación e improvisación. La clase la daba Rivarola, pero el que me convenció de que siguiera con el tango fue un asistente o algo así: Cesar Martini, un periodista de La Nación que bailaba bárbaro. Enseguida nos pusimos de acuerdo e íbamos a tomar las clases de Carlos y María juntos. Así arranqué y aquí estoy todavía.

Lola Díaz y Fabián Salas

¿Tuvieron formación en otras danzas?

F: No tuve formación en otras danzas. Me recibí de abogado pero cambié de profesión. Arranqué con Miguel Gutiérrez en La Casa del Tango de La Plata. Luego pasé por los cursos de Juan Carlos Copes en Buenos Aires. Y peregriné por todas las prácticas y maestros de aquella época: Pepito Avellaneda, Antonio Todaro, Puppi Castello, Miguel Balmaceda y Mingo Pugliese fueron mis mayores referentes ( Leer página 2: Laboratorio).
L: Estudié ballet, jazz y varias disciplinas más. Y después migré al tango. Mi primer maestro fue César, de él aprendí un montón, casi sin darme cuenta. Lamentablemente, al poco tiempo fallece y no sabía qué hacer. Hasta que por la calle me dan un folletito de Tanguera, el musical. ¡Para qué! César, como todos los milongueros de esa época, siempre decía: “estudiá con quién quieras, pero no te metas con el tango escenario que no es tango!” ¿Pensás que le hice caso? Enseguida me apunté para las clases en el Estudio de Mora Godoy. Y con un grupo coordinado por Martin Ojeda y Eliana Sánchez Arteaga ensayábamos coreografías y hacíamos shows. Estaba en mi salsa: me encantaba saubirme al escenario.
Por otro lado, daba clases en La Viruta. Y conocí a un pibe que hablaba de la ‘estructura del baile’ y marca y no sé cuánto más. Comprendí que me faltaba algo y así, como obra del destino, mi vieja encuentra un aviso del CITA y paga la inscripción.
¡Uf! Cuando tomé mi primer clase con Chicho me cambió la vida. Era todo un mundo nuevo. No paraba de pensar. Ahí sí que el tango me atrapó. ¡Ni hablar cuando bailé con Fabi! Hay mucha desinformación en este palo. Me llevó más de diez años entender algo del tango. Y eso que mis viejos se gastaron la que no tenían en clases para que aprenda. Pero nunca supe de una estructura para aprender a bailar hasta ese entonces. Y todavía hoy, hay gente que la desconoce.

¿Y cómo fue el salto de amateurs a profesionales?

F: El baile y docencia estuvieron siempre emparentados para mí. Al ser de La Plata donde había muy poco tango, viajaba a Buenos Aires a aprender e inmediatamente lo transmitía en prácticas gratuitas que organizábamos en mi ciudad. Manteníamos la llama encendida.
En Buenos Aires, en 1988, era profesor de la academia de Gloria y Eduardo en Volver. Allí conocí a Liliana Noval y luego de una audición quedamos como pareja solista en Taconeando y trabajamos en Grandes Valores del Tango con Silvio Soldán. Al poco tiempo, reemplacé a un grande en sus clases particulares: Pepito Avellaneda me dejaba como suplente para asistir a Suzuki mientras él viajaba por Europa. Paralelamente trabajaba con Celia Blanco en su escuela de San Juan y Sarandí. Pepito también deja como su reemplazo en las clases de Cochabamba a Gustavo Naveira, sin dudas un grande entre los grandes ( Leer página 2: Laboratorio). Enseguida y con la vocación de transmitir, comenzaron los viajes internacionales con la docencia; que se mantienen hasta el día de hoy. Primero Estados Unidos y luego todo el mundo.
L: Hice lo que muchos critican: antes de los dos años de aprender tango, ya daba clases en La Viruta. ¡Tenía sólo 13! Y me sirvió un montón. Enseñar no es saber, sino transmitir lo que uno sabe. Con el correr de los años uno se da cuenta de los errores que cometió pero es normal en todos los ámbitos. Las cosas evolucionan y es bueno ser genuino, decir lo que uno piensa en ese momento; y después también asumir errores, cambiar y seguir. Muchas veces se avergüenzan cuando aprenden algo nuevo contrario a lo que enseñaron, pero no tiene nada de malo. Borrón y cuenta nueva.



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Lola Díaz y Fabián SalasEl Tangauta Revista – Edición #243
Copyright: © Tangauta 2015
Entrevista: Guillermo Chulak
Fotos – Cortesía de: Lola y Fabián
Fotos del casamiento: Ferchu Heredia

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