Elvio Vitali

Elvio Vitali – In Memoriam

In Tango por Luz by Luz Valbuena

Gestor cultural, librero, tanguero y amigo de la casa
(Villa Domínico 26 MAR 1953 – Buenos Aires 16 FEB 2008)





Para Elvio Vitali, Buenos Aires tenía dos industrias culturales clave para exhibir al mundo: el tango y el libro, que debían consolidarse con la intervención del Estado. Su reconocida trayectoria como gestor cultural dio cuenta de su compromiso con este pensamiento.
Elvio militó en la Juventud Peronista en la Facultad de Derecho hasta mediados de los años 70. Cuando sobrevino la dictadura militar, se exilió en México, donde estudió comunicación y se interesó por el universo editorial.
De regreso en Argentina, fundó la Librería Foro Gandhi de Buenos Aires, centro del debate intelectual y cultural durante los años 80. Fue Director de Industrias Culturales en la Secretaría de Cultura de la Nación, Director de la Biblioteca Nacional, presidente de la comisión de la Feria Internacional del Libro y Diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires -con mandato hasta 2009- donde presidía la Comisión de Comunicaciones.
Algunas de las iniciativas más destacadas de su gestión fueron la concreción del inventario del acervo bibliográfico de la Biblioteca Nacional, el impulso al Instituto Nacional del Libro Argentino y a la existencia de un Polo Industrial del Libro en Buenos Aires.
Entre otros beneficios, el tango debe a Vitali la idea original del célebre Festival Internacional de Tango de Buenos Aires, la aprobación en la Legislatura porteña de una normativa específica para habilitar debidamente las milongas y la creación del espacio El Gardel de Medellín.

Elvio murió demasiado temprano. Sus restos fueron velados en la Biblioteca Nacional y descansan en el Jardín de Paz. Su recuerdo luminoso sigue vivo en quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.

Gracias, Elvio, por tantos libros, risas y tangos compartidos.

Elvio dixit

Buena parte de la industria cultural del libro añora una época de oro, durante la cual la producción nacional se distinguía en calidad y cantidad. Fue perdiéndose nuestro reconocimiento al oficio del editor. A cambio de la figura del sabio editor, se desarrolló la del editor/gerente de grandes grupos que concentran sellos y tomadores de decisiones sobre la base de astucias marketineras, cuyos frutos reflejan esporádicos aciertos, pocas veces respaldados por un sistema de convicciones. Sólo rescatamos solitarios luchadores, defensores de proyectos que reflejan la esencia de nuestra identidad.

Elvio Vitali

Por Horacio González

En su pequeña catedral de la librería Gandhi, Elvio Vitali desplegaba su actividad pontificia, irónica, fingidamente sobradora para poner sobre todo una sorpresiva originalidad. Primero en Riobamba y Marcelo T. de Alvear, luego en Montevideo a metros de Corrientes y después en plena calle Corrientes, Elvio dirigió esos movimientos por calles y cortadas con su espíritu atento de librero genuino, interesado profundamente por todo pero pertrechando ese interés en una fina socarronería, que era su marca personal en el mundo. Por su intermedio pasó toda una época de la cultura argentina y porteña. En los libros que leímos, en los artículos que comentamos, en los cantantes de tango redescubiertos, en la afilada comprensión de los días que pasaban, podía sentirse la marca de Vitali, porque todo ese tiempo tiene el sello de ciertas frases, de demasiadas angustias y de imágenes que no era difícil rememorar en común. Elvio las agrupaba y desagrupaba con su estilo juguetón, su oculto señorío, su alegre escepticismo. Fue un hombre de grandes pasiones pero prudente al extremo para expresarlas. El tango bien bailado fue su religión personal, la política, su divertimento intelectual, a la que le entregó piezas analíticas incomparables, con su sabiduría oral, siempre muy por encima de la política realmente practicada entre nosotros. •

Publicado en Página 12

Por Nicolás Casullo

La librería Gandhi fue su creación. Su marca, su profesión, un espacio en la cultura como no tuvo ninguna otra librería en la Argentina democrática. Elvio Vitali volvió del exilio mexicano a los 30 años, con ese proyecto, y en poco tiempo lo impuso y alcanzó su clima máximo en los ’90 en cuanto a elección de catálogos y política de venta de libros de España y México a precios promocionales. Cubrió con esa oferta el agujero negro que había dejado la dictadura en el mundo pensante y amante de lo bibliográfico. Librería de títulos exquisitos, de la permanente novedad, de avanzada autoral, planificada por una gestión que conocía cuáles eran las variables de vanguardia, lo que tenía valor como adelanto de lectura. A la vez la Gandhi fue centro de presentaciones y mesas redondas, espacio de debate político-intelectual, café para citas de mundos literarios y artísticos, lugar de tango, espacio de venta de cd para coleccionistas, sala de estrenos teatrales y musicales, sitio de exhibición de la historia del buen cine arte y editora de una revista. Pero sobre todo, lugar donde desde las seis de la tarde en adelante uno se encontraba con alguien con quien quería encontrarse sin saberlo, y sin necesidad de llamar o ser llamado por ningún celular histerizado. Lo que se dice un dificilísimo logro cultural.

Esa fue la obra de Elvio Vitali desde casi la nada, una primera importación, un “embarque”, el respaldo de una empresa en México que intentaba aterrizar en el país, y aquellos títulos de Taurus, Siglo XXI, Hiperion, Pretextos, Fondo, Porrúa, Anagrama, Akal, Cathedra, Anthropos, etc., etc., hasta –con los años– la compra de un cine grande por Corrientes para una inauguración donde se hizo presente todo el universo pensante, crítico y politizado alternativo, en medio de las amargas arenas espirituales del reinado menemista.

A Elvio lo conocí en México, en lejanía de destierro. Compañero Elvio, me lo presentó una noche de 1978 Miguel. Tenía 24 años, perfil acabadamente JP de aquellos años. Joven, diez años casi menor que el resto de los integrantes de un grupo que habíamos armado para discutir sobre política y el fin de una época. Elvio resultaba para nosotros uno de los “pibes”, en este caso de la universidad, de Derecho, de la JUP pero también de “más arriba” de ese tumultuoso frente estudiantil en su compromiso militante. Me acuerdo la primera charla esa noche, me habló del Tano Ventura.

Elvio expresó siempre ese santo y seña de origen. Quiero decir, la militancia en esa juventud (antes de las tragedias, las muertes y los duelos) estuvo atravesada por una multifacética algarada populista que con el General al frente llegaría a la liberación. El peronismo nunca dejó de ser una mezcla insensata de sufrimiento y fiesta, de documento y barrio, de encuadre pero a la vez sumatoria infinita de seres, de palabras mayores, y contraseñas que como antenas radiofónicas se ponen en contacto con el otro sin que los demás se enteren. Y Elvio retenía ese fondo: de lenguaje, de gesto, de soslayo, de humor, astucia, de relojeo, de Villa Domínico. De ocurrencia y chiste por debajo de su identidad y militancia en el peronismo, donde es tan importante describir a un burócrata como calificar a un número 4 de Independiente. En ese cruce de artesanías se daba lo sustancial de una militancia esperanzada, y yo la descubrí diáfana en Elvio Vitali.

Hubo algo siempre bastante diferente entre lo proveniente de la izquierda peronista y los grupos hechos en algunos de los marxismos. Elvio servía para exponerlo de lleno: ese brotar de una galería de compañeras y compañeros como vida plena del pueblo, de lo plebeyo fraternizante: “el de la resistencia”, “la señora del doctor”, “el gordo de los mandados”, “la culona”, “el barbeta”, “la universitaria”, “el cuadro”, “el queso”, “el sabihondo”, “la mujer del botón”, “el preso”, “la compañera dura”. Elvio emergía en lenguaje, salida, broma, de ese mundo popular peronista revuelto, corajudo, peleador, imprevisible a veces, que siempre estaba, y que a Elvio le dio dones como el de ser el permanente gestador de consignas, cánticos, versitos, lemas que luego bramaban en miles de gargantas

Las bellas muchachas que pasan, la familia tana, el fútbol, los fideos, el tuco, los asados sobre chapa en el piso, la calle, el café, la cantina, la sobremesa, y el tango que lo envolvió como una oscura argentinidad supletoria en la última década y pico de su vida, compusieron su retrato cotidiano, el mural madre donde fue entrando el militante, el exiliado, el librero, el empresario, el candidato, el director de la Biblioteca Nacional, el legislador. Porque finalmente, su último tramo desde el 2000 en adelante fue un regreso a la política, al grupo Calafate, al kirchnerismo, la campaña, el nuevo gobierno, las industrias culturales, la Biblioteca, su candidatura en binomio con Rafael Bielsa. Pero el Elvio legislador con su despacho, secretarias, con sus posiciones, planteos, ideas, proyectos y pensamiento político nunca abdicó de la crítica, de la severidad de juicio sobre el propio peronismo y sus responsables mayores y menores, de su mirada muchas veces impiadosa aun en el entusiasmo de una política popular de masas que se reencontraba poco a poco con partes importantes de sus valores y creencias históricas. Tuvo un inmenso don: nunca se la creyó del todo. A su propia trayectoria digo. •

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Tango Revista Magazine Nr 187

El Tangauta Revista | Magazine Nº 187 (MAY 2010)
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TEXTOS: Luz Valbuena
FOTOS: Cortesía de Silvana Grill